sábado, 7 de diciembre de 2013

Carta de una Madre a su Hija



          Mi querida hija:
     El día que me veas vieja, te pido... por favor que tengas paciencia, pero sobre todo que trates de entenderme. Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame, por favor. Y recuerda el tiempo en que eras una niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche, hasta que te quedabas dormida. Cuando veas mi ignorancia ante las nuevas tecnologías, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no pongas esos ojos ni esa cara de desesperada. Recuerda mi querida niña, que yo te enseñé a hacer muchas cosas, como comer debidamente, vestirte y peinarte por ti misma, como afrontar y lidiar con la vida... El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme. Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches. Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos. Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o impotente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor. Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija.